TRADICIÓN Y FE: ¿POR QUÉ SEPTIEMBRE ES EL MES DE LA BIBLIA EN EL MUNDO HISPANO?
Dos acontecimientos históricos con siglos de distancia definieron la conmemoración de las Sagradas Escrituras en nuestro idioma y abren el debate sobre las traducciones actuales.
Por Administrador
Publicado en 01/09/2026 17:31
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MANAGUA – Para la comunidad cristiana, la lectura cotidiana de las Sagradas Escrituras constituye el fundamento indiscutible de la vida espiritual. Sin embargo, el mes de septiembre reúne de forma especial a millones de hispanohablantes alrededor de una conmemoración que trasciende fronteras y denominaciones. Lejos de ser una fecha elegida al azar, esta celebración responde a dos momentos históricos determinantes que cambiaron el curso de la fe y abrieron el acceso a la Palabra de Dios en nuestra propia lengua.

Las dos fechas que marcaron la historia

La conmemoración que hoy une a distintas ramas del cristianismo tiene su punto de partida en dos hitos separados por más de un milenio:

  • 26 de septiembre de 1569: En Basilea, Suiza, culminó la impresión de la primera traducción completa de la Biblia al castellano realizada directamente desde sus lenguas originales: hebreo, arameo y griego. La titánica obra, emprendida por Casiodoro de Reina y revisada años después por Cipriano de Valera en 1602, fue bautizada popularmente como la "Biblia del Oso" por el emblemático grabado de su portada. Con el transcurso de los siglos, la célebre versión Reina-Valera se consolidó como el texto canónico y de mayor arraigo en las congregaciones evangélicas de todo el continente.

  • 30 de septiembre: La cristiandad recuerda el fallecimiento de Jerónimo de Estridón (San Jerónimo), el insigne traductor que completó en el siglo IV la Vulgata Latina, el manuscrito oficial que durante más de mil años sostuvo la liturgia y la lectura bíblica en el mundo occidental.

El dilema de las revisiones: ¿por qué no quedarnos con una sola versión?

Un análisis histórico y lingüístico sobre el desarrollo de los textos sagrados invita a reflexionar sobre una inquietud recurrente entre los creyentes: ¿cuál es la necesidad de seguir publicando constantes revisiones y nuevas versiones en lugar de apegarnos estrictamente a las primeras traducciones?

Frente a la desconfianza de algunos sectores que temen la alteración o pérdida de significados doctrinales inspirados, los principios de la lingüística recuerdan que el idioma es un sistema vivo, dinámico y en constante transformación:

  • Evolución del lenguaje: Las palabras no permanecen estáticas. Un vocablo habitual en el siglo XVI hoy puede constituir un arcaísmo incomprensible o, peor aún, haber mutado su sentido hasta transmitir un concepto opuesto a la intención de los manuscritos originales.

  • El latín como lección histórica: Un idioma que no admite modificaciones se convierte inevitablemente en una lengua muerta. Las nuevas generaciones acuñan términos para revitalizar la comunicación cotidiana, un fenómeno que en pleno siglo XXI se acelera con el impacto de internet y la globalización.

  • El principio de Pentecostés: La proclamación del Evangelio demanda claridad en la lengua vernácula del receptor. Imponer construcciones gramaticales en desuso —como exigir a niños memorizar el pronombre "vosotros" en regiones hispanoamericanas donde se emplea exclusivamente el "ustedes"— genera barreras innecesarias que contradicen el propósito de comunicar el mensaje divino con sencillez.

La postura de Sociedades Bíblicas: traducir cultura, no solo palabras

Para comprender a fondo esta labor técnica y espiritual, resulta clave el criterio fundamental establecido por Sociedades Bíblicas, entidad que desmitifica la idea de que una traducción se reduce a un mero ejercicio mecánico de equivalencias verbales:

"Quien traduce la Biblia debe conocer, además, el contexto histórico y cultural del mundo bíblico y del idioma receptor. Porque la traducción bíblica no consiste solamente en verter palabras de un idioma a otro, sino en traducir cultura, cosmovisión, estructuras sociales y económicas. Por ello, el equipo de traductores debe de estar compuesto por personas de diferentes disciplinas: antropólogos, biblistas, lingüistas. La traducción de la Biblia en tiempos modernos rara vez es realizada por un solo individuo. En realidad, sólo la participación de un equipo interdisciplinario e interconfesional permite asegurar un éxito aceptable en la fidelidad y la calidad de la traducción. Todo usuario de la Biblia debe estar convencido de que no existe una traducción objetiva de la Biblia; cada una de las versiones que se encuentran en el mercado son el resultado de decisiones exegéticas, hermenéuticas y lingüísticas".

 

Bajo esta perspectiva institucional, Sociedades Bíblicas y los biblistas contemporáneos concluyen que ninguna traducción posee el monopolio absoluto del texto. Mientras que pastores, maestros y seminaristas cuentan con las herramientas para cotejar versiones literales e indagar en el hebreo y griego original, la mejor traducción para un niño, un lector novato o una persona recién llegada a la fe será siempre aquella que le permita conectar de manera transparente e inmediata con el corazón del texto sagrado.

¿Cuál es la versión bíblica que utilizás habitualmente en tus devocionales y estudios personales? ¡Dejanos tu comentario y celebremos juntos el valor incalculable de contar con las Escrituras en nuestro idioma!

 

 

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