Un nuevo estudio global realizado por expertos en salud pública ha lanzado una advertencia preocupante: el aumento en el consumo de alimentos ultraprocesados (UPF, por sus siglas en inglés) está impulsando un incremento en las enfermedades crónicas y mentales en todo el mundo. El informe, publicado como una serie de tres partes en la revista The Lancet, destaca la urgencia de abordar este problema de salud pública.
¿Qué son los alimentos ultraprocesados? Los investigadores definen los UPF como "formulaciones comerciales de marca hechas con ingredientes baratos, con poco o ningún alimento entero". Esta categoría incluye una amplia gama de productos comunes en la dieta moderna, como:
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Bebidas gaseosas y jugos de frutas reconstituidos.
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Cereales para el desayuno, yogures y galletas.
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Carnes curadas o con nitritos añadidos, como salchichas y jamón.
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Nuggets de pollo y pescado, y otros productos cárnicos reconstituidos.
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Sopas instantáneas en polvo, fideos y postres.
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Fórmulas infantiles y productos de seguimiento.
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Batidos y polvos sustitutivos de comidas.
Vínculo con enfermedades graves El estudio revisó 104 investigaciones y encontró una fuerte relación entre el consumo de UPF y una variedad de enfermedades crónicas. De los estudios revisados, 92 reportaron asociaciones entre la dieta ultraprocesada y un mayor riesgo de resultados de enfermedades crónicas, incluyendo:
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Mortalidad por todas las causas.
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Morbilidad y mortalidad relacionadas con cáncer, enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares.
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Enfermedades gastrointestinales, respiratorias, renales, hepáticas, de la vesícula biliar, articulares, metabólicas y mentales. Además, 78 de estos estudios destacaron una "tendencia lineal estadísticamente significativa" entre el consumo de UPF y el aumento del riesgo de desarrollar estas enfermedades.
Consumo global y factores socioeconómicos El análisis de la ingesta nacional de alimentos en 36 países reveló que el consumo de UPF varía ampliamente, desde un 9% en Irán hasta un 60% en los Estados Unidos. En países de altos ingresos como Italia, Grecia y Corea del Sur, el consumo es inferior al 25%, mientras que en Australia y Canadá supera el 40%, y en el Reino Unido y EE. UU., excede el 50%.
El estudio también observó una correlación con la riqueza nacional y factores culturales. En los países ricos, la población de menores ingresos tiende a consumir más UPF, mientras que en los países de bajos ingresos, son las poblaciones de mayores ingresos las que consumen más. Los investigadores explican que este patrón refleja la distribución socioeconómica de la obesidad, sugiriendo que los UPF afectan primero a las poblaciones más ricas antes de extenderse a los grupos de menores ingresos.
El papel de las corporaciones y el llamado a la acción Los investigadores advierten que el aumento en el consumo de UPF está impulsado por "poderosas corporaciones globales que emplean tácticas políticas sofisticadas para proteger y maximizar las ganancias". Un editorial en The Lancet señaló a empresas como Nestlé, PepsiCo, Unilever y Coca-Cola, acusándolas de impedir la regulación de los UPF.
El estudio concluye que la educación individual y el cambio de comportamiento no son suficientes. Se necesitan "políticas y defensa coordinadas para regular y reducir los alimentos ultraprocesados y mejorar el acceso a alimentos frescos y mínimamente procesados". The Lancet recomienda un enfoque liderado por el gobierno que incluya:
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Añadir marcadores de ultraprocesados a los modelos de perfil nutricional.
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Etiquetas de advertencia obligatorias en el frente del paquete.
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Prohibiciones de marketing dirigido a niños.
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Restricciones en instituciones públicas y mayores impuestos a los UPF.
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Redirigir los subsidios agrícolas de las grandes corporaciones hacia productores de alimentos diversos, locales, asequibles y mínimamente procesados.