Pasaron diez años desde la muerte de Esteban para que la persecución golpeara de nuevo, esta vez bajo Herodes Agripa. Buscando quedar bien con los judíos, Herodes decidió ir tras los líderes y apuntó a Jacobo (hijo de Zebedeo y pariente de Jesús).
Pero lo increíble de esta historia, según cuenta Clemente de Alejandría, es lo que pasó justo antes del final.
Mientras llevaban a Jacobo hacia el lugar donde lo matarían, el mismo hombre que lo había acusado y entregado sintió un arrepentimiento profundo.
Allí mismo, el acusador cayó a los pies de Jacobo pidiendo perdón y confesando que ahora él también era cristiano. Decidió que Jacobo no iba a recibir solo la "corona del martirio".
El resultado fue que ambos, el apóstol y quien lo acusó, fueron decapitados juntos. Así, Jacobo bebió la copa que le había dicho a Jesús que estaba dispuesto a beber.
Esta ola de persecución del año 44 d.C. no se detuvo ahí. Alrededor de ese mismo tiempo, Timón y Parmenas también sufrieron el martirio; Timón en Filipos y Parmenas en Macedonia.
¿Tu vida inspira tanto que hasta tus acusadores querrían seguir a tu Dios? 
Fuente: El libro de los mártires de John Foxe